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Cuando la edad es solo un número

Mantenerse activo a cualquier edad es vital para sentirse bien.


Los progresos de la medicina actual hacen posible vivir más años en buenas condiciones de salud: distintos tipos de estudios, análisis, medicamentos y suplementos dietarios brindan herramientas de salud que no existían en otros tiempos. Gracias a estos adelantos, la esperanza de vida a partir de los 65 años ha ido aumentando a un ritmo acelerado. Como consecuencia de este cambio, también se ha ido modificando la distribución de las distintas etapas de la vida.

Treinta años atrás, era común hacer una distinción etaria entre las etapas de juventud y adultez, en los que quedaban enmarcados los tiempos de formación y de actividad en la vida de una persona; y una segunda instancia, en la que se ubicaba al tiempo de “descanso”, asociado a las personas mayores de 60 años.

En la actualidad, ese “ciclo de vida” se ha modificado notablemente. Ahora, las personas que dejan de trabajar pueden darse los gustos que pudieron verse obligados a postergar durante sus etapas “activas”. Así, muchos aprovechan para reconectarse con las cosas que los hacen felices, ya sea que se trate de viajar, de empezar una carrera que no pudieron perseguir cuando eran jóvenes, o simplemente de realizar una actividad que los llene y los mantenga ocupados.

Muchas personas mayores han descubierto, por ejemplo, que incentivar su capacitación digital puede resultar un recurso valioso para mantenerse comunicados con amigos y familiares. Otros, disfrutan de su tiempo libre para ejecutar los hobbies y actividades que no podían realizar mientras trabajaban: bailar, pintar, hacer deportes, etc.

Sin embargo, es necesario integrar estas prácticas con hábitos que sirvan para cuidar y conservar la salud. Desde una alimentación balanceada, hasta controles médicos de rutina y actividad física en forma frecuente. De esta manera, se logrará aprovechar a pleno esta etapa de la vida.