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Funciones de la Vitamina D en el organismo

¿Qué puede provocar su deficiencia?


 

La Vitamina D es un nutriente imprescindible para la salud de nuestros huesos, pero esta no es la única tarea que cumple en el organismo.

Además de regular los niveles de calcio, la vitamina D controla los niveles de fósforo y juega un papel fundamental en múltiples funciones como la absorción intestinal a partir de alimentos, la reabsorción de calcio a nivel renal, la mineralización ósea (esencial para el correcto desarrollo óseo) o la inhibición de secreciones de la hormona paratiroidea (PTH). Además, los músculos requieren esta vitamina para el movimiento. Los nervios la necesitan para transmitir mensajes entre el cerebro y cada parte del cuerpo, y el sistema inmunitario la emplea para combatir los virus y bacterias que lo invaden.

La Vitamina D es una provitamina soluble en grasas que nuestro cuerpo no produce y que, por lo tanto, debemos obtener de fuentes externas. La cantidad diaria recomendada en adultos es de 600 UI (Unidades Internacionales).

En los niños, un déficit en el aporte de Vitamina D puede producir raquitismo, retraso en el crecimiento de los dientes o deformidades óseas.
En las personas adultas, la deficiencia en los niveles de esta vitamina también puede desembocar en alteraciones en las funciones musculares, mayor prevalencia de diabetes o enfermedades óseas.

Los signos que pueden indicar una deficiencia de Vitamina D, incluyen: una tonalidad de piel excesivamente oscura, sudoración excesiva en la cabeza, problemas gastrointestinales (como la enfermedad de Crohn, sensibilidad al gluten o inflamación intestinal), dolor de huesos punzante y persistente, en combinación con síntomas de fatiga.

Por todos estos motivos, es fundamental incorporar la dosis diaria recomendada de Vitamina D a nuestra dieta. De esta manera, no solo estaremos contribuyendo a nuestra salud general sino que podremos ayudar a prevenir la osteoporosis.